El amanecer del 26 de marzo fue hermoso.
Entre los cerros pude ver el fulgor de las siete de la mañana.
Las nubes de la tormenta de ayer se comenzaron a teñir,
a teñir con el sol,
mientras pude aún ver el resplandor de la luna.
A esta hora el cielo recién se asemeja a la crema de vainilla
y parece que Dios ama a cada nube,
todas pequeñas, agrupadas y dispersas, todas bonitas.
El sol sale al unísono con la gente
y estoy sentada viéndolo suceder,
intentando hacer una imagen para el porvenir,
porque cámara no tengo,
ni nadie que lo recuerde junto a mí.
No entiendo porqué me gustan, hay canciones muy tiernas que nos llevan a un mundo de juegos y bailes tiesos indescriptibles, forma de la que quizás fueron compuestas; y hay otras que no cuentan con mi bendición.
Una banda anti-folk que me recuerda a las improvisaciones que mi hermano hace con su guitarra durante los apagones del electricidad.
DESCARGA (si te convence) The Moldy Peaches
